Ganó sus primeros 30 millones de dólares a la antigua usanza: creando y luego vendiendo Vettery, un portal de empleo, por 110 millones en 2018. Todo lo que hizo desde entonces se basó en asignar un valor actual a un producto futuro.
En 2021, sacó a bolsa la empresa de taxis aéreos Archer Aviation mediante una SPAC, recaudando 858 millones de dólares con una valoración de 1,700 millones, antes de que sus aeronaves hubieran realizado un solo vuelo comercial. Convenció a los inversores para valorar Figure en 39,000 millones de dólares cuando sus robots humanoides aún operaban en proyectos piloto a pequeña escala dentro de fábricas y en demostraciones estrictamente controladas.
El pasado mes de mayo, recaudó 700 millones de dólares con una valoración de 6,000 millones para Hark, una empresa de asistentes de IA que en ese momento no tenía ningún producto en el mercado.
El trabajo es real. Vettery fue un éxito legítimo. Archer construyó una aeronave eléctrica de despegue y aterrizaje vertical a tamaño real. Los humanoides de Figure trabajaron en una línea de producción de BMW y ayudaron a fabricar 30,000 SUV del modelo X3, de acuerdo con las cifras del fabricante de automóviles.
Adcock, que apenas roza los 40 años, tiene fama de recaudar sumas enormes, reclutar ingenieros talentosos y lograr que máquinas complejas funcionen. Actualmente es director ejecutivo de tres empresas. Y, cuando se trata de humanoides, es un motor inagotable de entusiasmo.
“A largo plazo, tendremos quizá diez o veinte mil millones de humanoides en el planeta”, afirma. “Gestionarán toda la cadena de suministro. Construirán casas para nosotros”.
Adcock también tiene fama de exagerar. Un proyecto piloto se convierte en una flota de robots. Una ruptura con un socio destacado se transforma en una debacle técnica. Nada de esto frenó su ascenso: los avances iniciales se traducen en una valoración de 39,000 millones de dólares. Su trabajo —y la forma en que lo divulga públicamente— le reportó una fortuna superior a los 20,000 millones y obligó a empresas como BMW, OpenAI y Archer a realizar aclaraciones públicas.
¿Qué hay de la afirmación de Adcock de que, durante su etapa en Archer, “diseñó, desarrolló y probó en vuelo cinco generaciones de aeronaves”? Un portavoz califica esto de “totalmente inexacto” y añade que, “desde su salida en 2022, ha exagerado sistemáticamente sus contribuciones”. (Un portavoz de Adcock refuta esto, alegando que Archer “intentaba apropiarse de sus logros y restarles importancia”).
¿Y aquella prueba piloto con BMW en 2025? Según la versión de Adcock, implicaba una “flota de robots realizando operaciones de principio a fin”. Sin embargo, BMW declaró a Forbes que solo operaba un robot de Figure a la vez, con un segundo robot en las instalaciones listo para relevar al primero mientras este se recargaba.
Luego está el acuerdo con OpenAI. El laboratorio de IA invirtió en la ronda de financiación Serie B de Figure en 2024, y ambas empresas se propusieron desarrollar los modelos que controlarían los robots de Figure. Todo se vino abajo en menos de un año.
OpenAI atribuye la ruptura al “incumplimiento constante por parte de Figure de los entregables requeridos, a deficiencias en el soporte de software y hardware” y a “desafíos en la relación laboral” no especificados. Adcock, por su parte, afirma que prescindió de OpenAI porque su equipo los superaba con creces.
Nada de esto lo frenó. Forbes estima ahora su fortuna en 23,400 millones de dólares, principalmente gracias al fuerte aumento de la valoración de Figure. Porque, si teóricamente un robot humanoide puede hacer cualquier cosa que haga un ser humano, ¿qué precio se le puede asignar?
En este momento, el futuro del mercado de los humanoides es prácticamente indescifrable. Morgan Stanley prevé que alcanzará un valor de 5 billones de dólares para 2050; Citi habla de 7 billones; UBS estima hasta 1.7 billones; y RBC calcula entre 9 y 12 billones. En medio de esta incertidumbre vertiginosa, la valoración de Figure pasó de 2,600 millones a 39,000 millones de dólares en apenas 19 meses.
Esa ambigüedad es el terreno donde Adcock se mueve como pez en el agua. Es lo que le permite hablar con seguridad sobre cómo los humanoides asumirán una gran parte del mercado mundial de mano de obra humana —valorado en 42 billones de dólares anuales—, a pesar de obstáculos formidables como la escasez de datos de entrenamiento, la influencia de los sindicatos o el hecho de que enseñar a un humanoide a usar tijeras sigue siendo imposible. No olvidemos que no existe una fuente de datos fácilmente recopilables en Internet sobre el comportamiento humano para entrenar a estos robots.
Amigos como Marc Benioff se muestran impresionados por esta visión maximalista.
“Es sumamente positivo, rebosa energía y tiene una gran visión… (Hace) declaraciones muy audaces sobre el futuro, cosas que realmente solo habíamos visto en la ciencia ficción”, afirma el cofundador de Salesforce, inversor en Figure.
Adcock cuenta también con el respaldo —y el prestigio que ello conlleva— de Jensen Huang, una figura clave en el ámbito de la infraestructura de IA. El director ejecutivo de Nvidia afirma que Adcock posee “una capacidad extraordinaria para imaginar el futuro” y para afrontar “la ardua tarea de construirlo”. Cabe destacar que Nvidia es, asimismo, inversora en Figure.
Los humanoides representan nuestra fantasía más antigua. Los griegos imaginaron a Hefesto rodeado de ayudantes de oro capaces de pensar y hablar. Leonardo diseñó un caballero mecánico capaz de incorporarse y mover los brazos. Westinghouse presentó a Elektro, que se desplazaba con torpeza por la Feria Mundial de 1939: una estructura de aluminio de más de dos metros de altura equipada con un vocabulario de 700 palabras reproducidas mediante un tocadiscos. Primero fueron cables y poleas; luego, relés; ahora, redes neuronales. Cada época construye estos seres con los recursos disponibles y tiende a exagerar las capacidades de lo que ha creado.
Para Adcock, el futuro está claro: un humanoide en cada hogar —quizás bajo un modelo de alquiler por unos 500 o 600 dólares mensuales— que se encargue de lavar la ropa, vaciar el lavavajillas, limpiar la cocina y recoger los juguetes de los niños. Un mundo liberado de las tareas más tediosas. “Creo que todo el mundo tendrá uno, igual que tenemos un teléfono o un coche”, asegura.
La inmensa sede de Figure en San José, California —que ocupa una superficie de unos 28,000 metros cuadrados — está diseñada para impresionar; parece sacada de una película de James Cameron. Los robots recorren los pasillos como si fueran empleados más de la plantilla. Algunos practican cómo voltear paquetes en una réplica de almacén.
A los visitantes se les entregan adhesivos para cubrir las cámaras de sus teléfonos, y el personal verifica que estén bien colocados. Adcock sonríe como un niño que presume de un espectacular volcán de papel maché. “Muy de ciencia ficción, ¿verdad?”
Lo es. Y Adcock prefiere estar en el centro de todo ello. Le gusta involucrarse directamente en los detalles operativos. Su escritorio se encuentra en el centro de la oficina, cerca de un pequeño museo de Figure. Trabaja sin descanso: cuenta que asiste a media docena de reuniones diarias sobre producto e ingeniería, donde debate minucias como el diseño del pie de un robot, establece prioridades para corregir errores de software y trata de atraer nuevo talento.
Durante una breve reunión de diseño esa misma tarde, Adcock se entusiasma al ver una representación gráfica de la futura estación de carga de Figure: una especie de sarcófago circular de cristal en el que el robot humanoide entra caminando hacia atrás, como si fuera un portal luminoso hacia el futuro propio de la ciencia ficción.
“Ese cargador es una pasada”, comenta. Y añade con entusiasmo: “Si lo pones en casa, es una obra de arte”.
En Silicon Valley, las empresas de Adcock se sitúan, de forma atípica, al margen de la jerarquía convencional de capital riesgo del sector. Forbes contactó con una docena de inversores destacados de firmas presentes en nuestra lista Midas que respaldaron empresas de robótica; todos ellos cuestionaron la valoración de Figure y algunos expresaron sus reservas sobre las afirmaciones de Adcock.
A él no le importa. Sigue captando fondos de todos modos, a través de una red independiente de inversores que sindican el acceso a sus empresas, así como mediante inversores estratégicos como Salesforce y Nvidia.
“En la medida en que necesitemos captar capital, contamos con una gran capacidad financiera y con mucho interés y demanda”, afirma Adcock. “Creo que nos irá bien”.
El año pasado, cuando Figure buscaba recaudar 1,500 millones de dólares con una valoración pre-money de 38,000 millones, la hoja de condiciones reservaba hasta 1,200 millones para dos firmas de capital riesgo relativamente desconocidas: Parkway Venture Capital y Align Ventures. Ninguna de las dos disponía de los activos necesarios para una suma tan considerable.
Align anunció recientemente un fondo de 125 millones de dólares destinado a realizar inversiones de menor cuantía en empresas de bienes de consumo (respaldó a la marca de agua con gas Olipop y a la marca de parches para el acné Starface). Estas firmas completaron sus asignaciones mediante vehículos de propósito especial (SPV), fondos dedicados a una sola empresa que permiten a los inversores participar en una ronda de financiación.
Align aceptó inversiones desde tan solo 100,000 dólares. Al cerrarse la ronda, la valoración de Figure se situó en 39.000 millones de dólares —frente a los 2,600 millones del año anterior—, lo que la catapultó al grupo de las 20 empresas privadas más valiosas del mundo, casi a la par de su socio estrella, BMW. Adcock sostiene que los inversores hicieron un buen negocio.
“Si logramos ser los primeros en dotar de verdadera inteligencia a un robot humanoide para el mayor mercado total direccionable del mundo”, afirma, “creo que 40,000 millones es, probablemente, un precio muy bajo”.
Un factor clave en este extraordinario incremento de la valoración fueron las flotas de robots —aún no desplegadas— destinadas a dos grandes clientes: BMW y una empresa no revelada, que fuentes cercanas al asunto identifican como UPS.
Adcock declaró públicamente que veía “un camino para alcanzar los 100,000 robots en los próximos cuatro años” entre ambas compañías. En un memorando dirigido a posibles inversores de los SPV, Align señaló que 100,000 robots en cuatro años supondrían “9,000 millones de dólares en ARR (ingresos recurrentes anuales) según las estimaciones de precios actuales”.
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Fuente de Información: Forbes