El agro mexicano: una historia de competitividad que merece una conversación distinta

El agro mexicano: una historia de competitividad que merece una conversación distinta
  • 07 Septiembre, 2026

Las exportaciones agroalimentarias mantienen un superávit comercial sostenido desde hace más de una década y hoy generan más divisas para el país que sectores como el turismo o las exportaciones petroleras

La conversación sobre el desarrollo económico de México suele centrarse en la manufactura, la infraestructura y las oportunidades derivadas de la relocalización de cadenas productivas. Sin embargo, existe una industria que desde hace años compite exitosamente en los mercados globales, genera divisas de manera consistente y ha demostrado una notable capacidad de adaptación: el sector agroalimentario mexicano.

La magnitud económica del agro mexicano desafía muchas percepciones tradicionales. De acuerdo con cifras oficiales, el sector primario representa alrededor del 3.3% del PIB nacional y genera empleo para millones de personas en todo el país, generando una ocupación directa para el 12% de la fuerza laboral en México. Más importante aún, se ha consolidado como uno de los sectores exportadores más dinámicos de México, con presencia relevante en mercados estratégicos alrededor del mundo.

Las exportaciones agroalimentarias mantienen un superávit comercial sostenido desde hace más de una década y hoy generan más divisas para el país que sectores como el turismo o las exportaciones petroleras. Este dinamismo nos posiciona como una potencia exportadora global indispensable, liderando el suministro mundial de productos clave como el aguacate —donde aportamos el 30% de la producción global—, berries (zarzamora, frambuesa, arándano y fresa), el limón, el jitomate, la carne bovina, la cerveza y el tequila.

Sin embargo, para que este motor económico siga acelerándose en la era del Nearshoring 2.0, el sector debe evolucionar hacia un modelo de mayor sofisticación tecnológica y de sustentabilidad.

El campo enfrenta retos estructurales complejos, desde la fragmentación productiva hasta la falta de un relevo generacional claro. El desafío operativo más urgente es la gestión de los recursos naturales: al consumir cerca del 75% del agua dulce disponible en el país, el agro mexicano se encuentra en una encrucijada donde la tecnificación del riego y la modernización de los procesos de cultivo son obligatorias para mitigar el estrés hídrico.

Es aquí donde el financiamiento especializado se convierte en el combustible para mantener encendido este motor. La tecnificación y la automatización del campo no se logran con soluciones de crédito genéricas; requieren un análisis técnico profundo y estructuras financieras flexibles que respeten la estacionalidad y los ciclos biológicos de los cultivos.

Para mantener el motor en funcionamiento, la participación del sector financiero debe migrar de la simple colocación de crédito hacia una especialización técnica profunda. El diseño de soluciones viables en el campo exige comprender a fondo los ciclos biológicos, las ventanas de exportación y la estacionalidad de cada cultivo.

El futuro del agro mexicano no depende únicamente de su capacidad productiva, depende de su capacidad para incorporar tecnología, gestionar de manera sostenible sus recursos y fortalecer su competitividad global.

México ya cuenta con una historia de éxito en materia agroalimentaria. El reto ahora es asegurar que esa historia continúe creciendo bajo un modelo más eficiente, sostenible y preparado para competir en las próximas décadas.


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Fuente de Información: FORBES

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