En un escenario global marcado por la incertidumbre geopolítica y la escalada de los precios de la energía, México estará presente en la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Del 24 al 29 de abril de 2026, la ciudad costera de Santa Marta se convertirá en el epicentro de un experimento diplomático y económico sin precedentes: la "Coalición de los Voluntarios", un bloque de 53 naciones que busca, por primera vez, no solo discutir la crisis climática, sino diseñar el manual técnico para desmantelar la dependencia global del petróleo, el gas y el carbón.
Para México, cuya historia económica y soberanía han estado ligadas íntimamente al subsuelo durante el último siglo, esta cumbre representa una encrucijada histórica. La delegación mexicana llega a Colombia en un momento de presión económica externa: con el precio del petróleo rondando los 100 dólares por barril, la volatilidad en el Medio Oriente ha disparado los costos energéticos globales en más de 100 mil millones de dólares. Lo que antes se veía como una transición puramente ambientalista, hoy se presenta como una urgencia de seguridad nacional y resiliencia económica.
La participación de México en Santa Marta ocurre apenas unos días después de que la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo abriera un debate nacional que ha generado fuertes tensiones con especialistas y ambientalistas: el futuro del gas no convencional y el fracking.
Mientras en Colombia México se suma a una coalición para "abandonar los combustibles fósiles", en territorio nacional el gobierno presentó el pasado 15 de abril a un grupo de alto nivel —integrado por instituciones como la UNAM, la UAM, el IPN, el Instituto Mexicano del Petróleo y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua— para evaluar la viabilidad técnica y científica de la fracturación hidráulica.
“La decisión la vamos a tomar en términos del conocimiento científico”, afirmó la presidenta Sheinbaum, insistiendo en que el análisis no será una decisión política unilateral, sino un diagnóstico técnico que incluirá criterios ambientales y consultas con las comunidades.
Esta postura genera una tensión palpable en los pasillos de la cumbre en Santa Marta. Por un lado, México se compromete internacionalmente a reducir la extracción; por otro, explora la posibilidad de activar una técnica históricamente cuestionada por sus impactos hídricos y ambientales. La mandataria ha insistido en que el proceso buscará evitar "energías limpias con negocios sucios", pero la sombra de la expansión del gas no convencional pone a prueba la coherencia del liderazgo climático mexicano ante la "Coalición de los Voluntarios".
A pesar de las contradicciones internas, la participación de México, junto a Brasil y Trinidad y Tobago, es quizás el elemento más observado por los analistas internacionales. Al ser uno de los principales productores de petróleo de la región, la presencia mexicana valida el propósito central del encuentro: cómo avanzar en la descarbonización sin desestabilizar economías que dependen de los hidrocarburos.
La postura mexicana y de las otras naciones en Santa Marta se aleja de la retórica de las negociaciones tradicionales de la ONU. Aquí, el enfoque es la implementación. México buscará respuestas a preguntas internas críticas: ¿Cómo se financia el cierre de pozos? ¿Qué sucede con los miles de trabajadores cuyas vidas dependen de la extracción? Y, fundamentalmente, ¿cómo se sustituye la renta petrolera en el presupuesto federal?
La agenda de la cumbre, que se despliega a lo largo de cinco días, ofrece a México un espacio para abordar estos temas desde una lógica progresiva. Durante los primeros días (24 al 26 de abril), el segmento dedicado a los pueblos indígenas, afrodescendientes y jóvenes es de especial interés para la delegación mexicana, dado el vasto territorio nacional donde los proyectos energéticos a menudo colisionan con los derechos territoriales. Definir rutas de transición desde el territorio, incorporando la justicia climática, es una prioridad para evitar que la nueva era de renovables repita los errores extractivistas del pasado.
Los días 28 y 29 de abril marcarán el clímax de la conferencia con el segmento de alto nivel. Aquí, México participará en la consolidación de acuerdos de cooperación estructurados en tres ejes fundamentales:
La cumbre no está exenta de fricciones. Existe una tensión evidente entre el liderazgo climático que México busca proyectar en Santa Marta y sus planes actuales de infraestructura fósil. Organizaciones civiles presentes en la cumbre, como Earth Insight, han recordado que 179 millones de hectáreas de bosques tropicales en el mundo se superponen actualmente con bloques de petróleo y gas.
En este contexto, la propuesta de crear "zonas libres de combustibles fósiles" resuena con fuerza. Para México, esto implicaría proteger arrecifes y manglares —que hoy están bajo amenaza por la expansión offshore (que representa el 30% del gas global)— y reconocer su valor ecológico como activos superiores a la extracción de hidrocarburos.
El objetivo final de esta reunión en Colombia es servir de antesala política para la COP30. La idea es que países como México no lleguen a la próxima gran cumbre climática solo con promesas, sino con una hoja de ruta técnica y financiera probada.
Como señaló Natalia Oliveira, líder para América Latina de la Global Renewables Alliance, la región tiene una oportunidad única: "Gracias a sus excepcionales recursos renovables, América Latina puede convertir la transición energética en un motor de crecimiento económico, competitividad y resiliencia".
Por su parte, Manuel Pulgar Vidal, de WWF, fue tajante en su llamado a la acción: "Los combustibles fósiles son el fósforo que seguimos encendiendo en un mundo que ya está en llamas. Santa Marta es un punto de inflexión".
Al cierre de la semana, la verdadera prueba para México será si logra traducir el consenso político de Santa Marta en políticas públicas internas y mostrar que la salida de los combustibles fósiles no es solo necesaria, sino económicamente inteligente.
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Fuente de Información: EL ECONOMISTA